El día a día.

Que duro es saber que en algún momento tuviste la libertad de tener tiempo de cambiar tu destino en cuestión de horas. Hoy por hoy me indigna la cantidad de trabajo que tengo, ganando mucho dinero, pero sin sentir que tengo el apoyo de mi pareja. Tengo una sola hija, no fue planificada por ninguno de los dos, la amo, pero estoy agotada de ser yo quien se encarga de todo.

Algunos dirán: ¡Pero exige! Tienes el derecho de tener tus espacios… Pero no, no funciona de esa manera. Cada día que pasa me siento más lejana de tener otro hijo. Un hijo no se tiene porque quieres un hermanito para tu primogénito, un hijo se tiene por convicción de quererlo traer a este mundo, y yo en lo particular, no quiero más estrés. El nacimiento de mi hija trajo consigo el despertar de mis temores más grandes; antes solo me preocupaba por mí, y a fin de cuentas, si me quería morir, era mi problema. Mío y solo mío.

No sé en realidad si me siento más feliz o menos feliz después de que mi hija llegó a mi vida. Sé que me siento cansada; cansada de dar todo por el todo por ella, cansada de esperar que mi esposo se compadezca de mi, y me vea como un semejante…¿Es que acaso creen que somos invencibles? A veces pienso que en su cerebro ellos creen que solo nacimos para criar; pero, ¡vaya vaya! te informo que produzco más dinero que tú, que si tengo que cambiar un repuesto de un carro resuelvo sola, que puedo cumplir con todos los quehaceres de la casa, trabajar y criar… Tremendo ejemplar somos las mujeres.

Esta mañana vi un discurso de Anne Hathaway hablando en la ONU sobre la validación del permiso postnatal remunerado tanto para mujeres como hombres. Si en algo tiene razón Hathaway, es que hay un antes y un después. En el “después-de-tener-un-hijo”, debería existir una especie de período sabático donde se defina como será la dinámica familiar… Pero eso es de un mundo ideal, y eso no existe, y con lo cruel que es el humano, no creo que llegue a existir. El humano es muy complejo, y su tendencia es individualista. Cada día es más severo y menos sensible, y este tema se encuentra dentro de los más sensibles a nivel social.

Ya hoy después de coletear, limpiar platos, lavar teteros, y ocuparme de mi hija en sus alegres y tempranos despertares de fin de semana, recuerdo cuántas noches he dejado de compartir incluso en mi propia casa porque ella se quiere acostar conmigo para quedarse dormida. ¿Cómo se supone que debo actuar?¿dejándola llorar solo porque quiere mi calor para dormirse? Confieso que quiero huir de esta vida a veces. Quiero hacer mis obras, planificarme sin pensar en nadie más, ser egoísta. Anhelo ser egoísta.

Ya estoy en este tren de ser madre. No me queda de otra que correr y encaramarme, y dar “lo mejor de mi” a costilla de mi propia salud mental. ¿Qué pasará con mi esposo y yo? No lo sé. Nos llevamos bien, nos queremos, pero a veces siento que puedo sola, y que lo único que trae a mi vida es disgustos e inconformidad. Si igual el siente que me apoya haciendo compras para la casa, en vez de llevar a nuestra hija al colegio, hacer su lonchera, hacer la tarea, llevarla a sus clases de baile, conocer sus gustos y disgustos, entender cada una de las cosas de ella, sin decir las estúpidas palabras “esas son muchas decisiones de mi esposa” que parece que me taladraran el cerebro, entonces PUEDO SOLA, y eventualmente ese sentimiento se va a apoderar de mi, y me quedaré sola, o casada sin motivo alguno. No lo sé. Me siento agotada de lo mismo.

Por lo pronto conversaré una vez más sobre mis derechos en el hogar. Amanecerá y veremos, como dice el refrán.

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Sobre el día de la mujer.

Ayer me tomé la mañana porque no podía más con las cargas del día a día. La tarde de antes de ayer, fue una de las peores. Deseé no ganar todo el dinero que gano con el trabajo que tengo – ¡matawí!, que en lengua pemón significa “quiero morir”. Sentía eso, me quería morir. Harta de un fuerte día de trabajo con incompetentes, cansada de hablar lo mismo una y otra vez, el pensar llegar a casa a hacer una estúpida tarea de colegio con mi hija, era agobiante.

Hoy es día de la mujer, por lo tanto, se leen muchas cosas sobre la violencia de género. Ayer me raspé la mitad de la cabeza; mi esposo no estaba del todo convencido. En la tarde me hice unas “selfies” que fueron un éxito bomba en las redes (por cierto); pero el punto no son las selfies, el punto es mostrar mi seguridad. Amé el rapado, y amo estar despeinada. Así soy yo, despeinada. Nunca he entendido como hay mujeres que conservan todos los cabellos en su lugar, en mi mundo esa es la teoría de lo absurdo.

Soy libre y despeinada. Hablo bastante, y donde me paro, marco pauta, un antes y un después de que yo llegué. Es la seguridad. La amo. No nací con ella. Me formé en una idea vaga de lo que era estar seguro de si mismo. Hoy mi única inyección de “poder”: poder seguir, poder intentarlo, poder tener fuerza, poder encontrarme, poder ser esposa, poder ser madre, poder cocinar, poder cuidar, poder perdonarme… está en eso, la seguridad.

Dejaré este poema por aquí, dedicado a todas aquellas que son seres superiores a lo que es ser humano (a veces); ser mujer no es fácil, y menos ser una mujer completa y segura, eso le da en el ego a a cualquiera.

No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca.
No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un inmenso horror por las injusticias.Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota y no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así.
Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMÁS se regresa.

Martha Rivera-Garrido.

El comienzo.

Tenía tiempo queriendo escribir un blog donde puedo hablar sin ocultarme tras el mar de tabúes que arropa a la sociedad. Traté y evité por muchos medios comprometerme conmigo misma y comenzar a redactar lo que será mi espejo más grotesco, los basamentos de mis próximos trabajos plásticos, en directa contraposición a lo que mi individuo deja ver.

Ayer le decía a un amigo: “Soy la misma, solo que llevo la república por dentro”. Para mi la maternidad significó renunciar a una yo en constante dejadez, cosa que me nutría en las diferentes vías de re-presentación que usaba en mi obra. Por lo tanto, los encantos de mi hija desencadenaron incomprensión de mi misma, negación del ser, y el nacimiento de una novus mulier con una fortaleza impresionante, pero que se desploma y entra en coma sin poder tan siquiera parpadear. No me considero para nada feminista, nunca he leído un solo libro de Virginia Woolf, pese a que he querido, y a Simone de Beauvoir, la conocí por “El Segundo Sexo”, la cité un par de veces en mi tesis, pero eso es todo. Así que no me considero feminista.

Ahora bien, lo que si me considero es una mujer contemporánea, que se busca, se encuentra y se realiza en lo que se propone. La re-presentación de mi misma como figura principal en el hogar, generando la mayor cantidad de dinero, cumpliendo con las obligaciones con mi hija y las de hogar, pueden destruirme por completo. Lidiar con los otros padres de colegio, y esas estructuras absurdas en las que nos desenvolvemos desde niños, pueden matar, ahogar, y dejar sin armamento alguno a una alquimista de la creación como yo – Es agotador.

Los señalamientos y las culpas están incluidas en el “paquete”; eso de hablar sin lastres en las lengua me cobra caro. Ayer comentaba en una reunión de puras madres (del colegio de mi hija), que la vida en pareja era tan compleja, que si me separara, más nunca me emparejaba con nadie – Ni les cuento las miradas de asombro. Pero es que es tan claro como el agua, una mujer con las cargas que tiene la mujer del siglo XXI, tiene que pensar así. Una vez leía un artículo sobre la llamada mujer 4×4, la que nunca iba a triunfar en una relación… Y es que, es verdad. La mujer que es “todera” tiene que ceder en alguna de sus facetas para triunfar dentro de la relación de pareja, y esto es en todas las parejas. Hay que callar, saber escuchar, ser paciente, en fin, un montón de cosas que no aprendí muy bien durante mi vida, y que las he aprendido a trancazos.

Debo dejar claro que: vivo en pareja, y no estoy en una crisis matrimonial, ni me quiero divorciar, ni nada por el estilo. Simplemente digo lo que pienso en este espacio, que desde hoy constituye mi escape y mi auto-análisis. Releer mis palabras me hará bien – nada más hermoso que el virtuoso lenguaje. Compartir mis anécdotas oscuras, me hará salir del clóset en el que me encuentro. Me siento dentro de trincheras, unas trincheras creadas por mi misma, y a las que deconstruiré yo misma a través de mis palabras.

El lenguaje me dará la libertad creadora y de pensamiento que tanto busco.